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La entrada del otoño hace que muchas personas observen con alarma cómo con cada cepillado o peinado pierden más pelo del habitual, sin embargo deben saber que es algo normal y que se debe, sobre todo al cambio de clima. 

Saber de forma previa el número de entregas y el precio total de la misma es un dato determinante para optar o no por la suscripción de una colección.

Ante la frenética subida del precio de la electricidad que estamos sufriendo, no queda más remedio que poner en práctica hábitos que reduzcan el consumo de este suministro, lo que a la larga además de evitar un gasto económico también contribuye a evitar el deterioro medioambiental.

Que nuestros hábitos de consumo influyen en nuestro entorno más inmediato y la comunidad social en la que vivimos es un hecho innegable, que percibimos a diario a través elementos como: el tipo de comercios que nos rodean, la procedencia de los alimentos y otros productos que consumimos, las relaciones laborales, el uso que hacemos de los espacios públicos, los medios que utilizamos para los desplazamientos, la calidad del aire de nuestras ciudades y pueblos, la forma en la que gestionamos nuestros residuos, la limpieza de las calles, el uso que hacemos de las fuentes energéticas y otros recursos, la conservación de los espacios naturales más cercanos, etc. Esta imagen se puede  extrapolar a la extensión de nuestro planeta, pues no vivimos de manera aislada y la suma de los actos de consumo de miles de millones de personas, en lo que se ha venido a llamar la globalización del mercado, tiene repercusiones directas en las forma de producción, en el transporte, la conservación medioambiental, las comunidades humanas e incluso en el clima.

La infancia es un periodo fundamental en la formación de estos hábitos, porque durante este tiempo las niñas y niños asumen conductas que sentarán, probablemente, las bases de su alimentación durante su vida.