La miel es un producto muy versatil y está presente en las recetas para la preparación de infinidad de platos y postres propios de las fiestas que se avecinan, por lo que su consumo se incrementa en estas fechas. Pero, ¡ojo con la miel que consumimos!

El aumento de la importación de miel de países de fuera de la Unión Europea y la  introducción en nuestro mercado de mieles mezcladas con jarabes, según las organizaciones agrarias, pueden afectar a la calidad de este alimento e incluso suponer un engaño para las personas consumidoras. Por este motivo, desde la Federación de Consumidores AL-ANDALUS se recomienda prestar especial atención al etiquetado de este producto, para poder decidir sobre nuestra compra.    

La miel goza de una dilatada presencia en nuestra dieta y cuenta con unas interesantes  propiedades nutricionales, ya que contiene carbohiodratos, proteínas y aminoácidos, minerales y vitaminas. Como en cualquier otro alimento, mientras mejor es su calidad más ventajas para el organismo de las personas. En este sentido es importante que sepamos reconocer a través del etiquetado el tipo de miel, así como otras de sus  características. 

Elementos obligatorios en el etiquetado de la miel

Tanto si adquirimos la miel envasada o a granel, esta información debe facilitarse a través de etiquetas de forma clara e inequívoca:

  • Denominación del producto: “miel”, “miel de flores”, o “miel de mielada”, etc.

Sobre este aspecto debemos saber que se denomina:

Miel de flores, a aquéllas en las que el néctar procede de flores y pueden ser de dos tipos:

  • Monoflorales, cuando al menos el 70% del néctar procede del mismo tipo de flor, como pueden ser las de castaño, brezo, naranjo -miel de azahar-, eucalipto, zarzamora -miel de silva-, acacia,..
  • Multiflorales, o mieles de “Mil Flores” cuando el néctar procede de distintas variedades florales sin predominio claro de ninguna de ellas.

Mielatos o miel de mielada, a quellas en las que el néctar se obtiene de la savia de algunos árboles como pinos o encinas.

  • Identificación del responsable del producto. Datos de la entidad envasadora, distribuidora o vendedora.
  • Número de registro sanitario. En el caso de la venta de proximidad se identificará el número del Registro Ganadero.
  • Peso neto. Expresado en gramos o kilogramos.
  • Fecha de consumo preferente: mes y año para una duración de entre 3 y 18 meses o “consumir preferentemente antes del fin de: (año)”, para una duración de más de 18 meses.
  • Instrucciones de conservación: como “Manténgase en lugar fresco y seco”, “Las mieles cristalizan de cuando hace frío, si se prefiere líquida calentar al baño de maría”…
  • Nº de lote: nº, letra, o fecha de envasado, día y mes.
  • País de origen en el caso de que se trate de una miel que se haya recolectado en un solo país, por ejemplo España o si son mezcla de mieles las siguientes leyendas:
    • “mezcla de mieles originarias de la UE”
    • “mezcla de mieles no originarias de la UE”
    • “mezcla de mieles originarias y no originarias de la UE”

Otros elementos que puede contener el etiquetado son:

  • Especificación de la flor de la que procede el néctar de la miel. (Romero, tomillo…)
  • Indicación del origen territorial, siempre que la miel proceda enteramente de una zona concreta.
  • Distintivos de calidad, acreditados por organismos autorizados como: Agricultura Ecológica, calidad certificada, Denominación de Origen, Indicación Geográfica Protegida.
  • Denominaciones de elaboración o presentación: en panal, con trozos de panal o panal cortado en miel, escurrida, centrifugada, prensada, filtrada, o de uso industrial.

No es obligatorio en el etiquetado

  • El listado de ingredientes, pues sólo consta de uno, que es la propia miel.
  • Menciones a los alérgenos.
  • El etiquetado nutricional. Si apareciera, debe proporcionar la siguiente información, tomando como referencia 100 gr de producto: valor energético (kJ) y (kcal); grasas, con especificación de las saturadas; hidratos de carbono, con especificación de los azúcares; proteínas y sal.