La presencia de las grasas en muchos alimentos elaborados es una constante. Durante mucho tiempo, el hecho de que el listado de ingredientes apareciera la mención “aceites vegetales” se asoció directamente con una característica saludable del producto, por contraposición a las grasas de origen animal que se consideran menos recomendables para el organismo. En la actualidad, la normativa vigente exige que se especifique qué tipo de aceites vegetales se incluyen entre los ingredientes. Así las personas consumidoras hemos descubierto el amplio abanico de aceites vegetales que se utilizan, además del aceite de oliva, en nuestros alimentos.  

 

Para aclarar un poco este tema, la Federación de Consumidores AL-ANDALUS, ha incluido dentro de su campaña formativa sobre Consumo Responsable y Consciente de los alimentos que ha denominado ¿Sabes lo que comes?, que se inscribe dentro de la campaña general para la promoción de un Consumo Responsable y Sostenible que está desarrollando con el apoyo de la Consejería de Salud de la Junta de Andalucía, un capítulo dedicado a los aceites vegetales.

Sepamos algo más sobre los aceites vegetales

Aunque de características organolépticas (sabor, olor, coloración) y nutritivas comunes, lo cierto es que existe una importante variedad y diferenciación entre los distintos tipos de aceites vegetales, y el calificativo de vegetal no supone, en todos los casos, la garantía de alimento saludable que se atribuye a los aceites vegetales, ni que presenten las mismas propiedades alimenticias.

Las grasas vegetales tienen varias ventajas sobre las de origen animal:

  • Predominan los ácidos grasos insaturados (monoinsaturados y poliinsaturados), que reducen el nivel de colesterol y aseguran el aporte indispensable de ácidos grasos esenciales (oleico, linoleico y linolénico).
  • Contienen sustancias beneficiosas para la salud, como la lecitina, los fitosteroles y la vitamina “E”.
  • Se digieren y metabolizan con mayor facilidad.

Aunque desde el punto de vista nutricional el aceite vegetal que ha demostrado unas propiedades muy saludables para las personas, no es el que con más frecuencia encontramos en los alimentos.

En numerosas ocasiones la adición de materia grasa a productos alimenticios, como margarinas, conservas de pescado, productos de repostería y bollería,  panes de molde, patatas fritas, galletas..., muchos de ellos de gran consumo, sobre todo entre los jóvenes, se hace de forma parcial o total a expensas de aceites de girasol, soja, maíz, cacahuete, coco, palma y palmiste.

En el caso de los aceites de coco, palma y palmiste de menor coste, pero en los que, aún siendo de procedencia vegetal, predominan los ácidos grasos saturados, como sucede en las grasas animales y, por tanto, no participan de la mayoría de los beneficios sobre la salud que se atribuyen en su conjunto a los aceites vegetales. Una cuestión que deberíamos considerar al elegir este tipo de productos.

En cuanto al aceite de palma, debemos tener en cuenta, además de su discutible  aporte nutricional, la insostenibilidad de su cultivo, que está esquilmando los recursos de amplias zonas forestales del planeta.