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A diario se desperdician en el mundo toneladas de alimentos, un problema que tiene graves consecuencias medioambientales y económicas, además de ser una paradoja moral, pues mientras que una tercera parte del planeta tira la comida, los otros dos tercios se alimentarían con lo que sobra.

Un problema de todos

El despilfarro de alimentos se da en todos los eslabones de la cadena: durante el proceso de producción, en la distribución y en el consumo. Entre el 30% y el 50% de los alimentos que se generan no se consumen.

En la producción es más habitual de lo que podemos imaginar que, no se recolecten campos enteros por la fluctuación de los precios, es decir para un productor puede ser más gasto recoger la siembra que el beneficio que pudiera obtener o para mantener los precios. Otro caso es el de la pesca, donde una tercera parte de las capturas mundiales es arrojada al mar –descartada- por su escaso valor comercial.

En el ámbito de la distribución encontramos que se descartan productos agrícolas por su aspecto, o por su rápido deterioro. En las tiendas no se comercializan muchos productos por su caducidad o por mala conservación, etc. En la hostelería también se tira gran cantidad de alimentos, siendo una de las principales causas el tamaño de las raciones o el diseño de los menús.

En el ámbito doméstico cada año tiramos varios kilos de comida sin haberla siquiera puesto en la mesa, porque se nos echa a perder en el frigorífico o en la alacena, y por supuesto comida que se ha preparado y no se ha consumido. En este capítulo debemos considerar dos datos de interés: el despilfarro de comida es inversamente proporcional al número de personas que habitan en el domicilio y se da en menor medida entre las personas de la tercera edad; y por otro lado que a mayor nivel de renta menos preocupación por lo que se gasta en comida y mucho menos aún por lo que se desperdicia.

Todos esos productos que han sido cultivados, recogidos, empaquetados y transportados inútilmente, tienen un coste considerable para el planeta: están mermando los recursos y elevando los niveles de contaminación.

Frenar esta situación precisa la colaboración de todos los sectores: gobiernos, productores, comercios, establecimientos de restauración y, por supuesto de los consumidores. En este sentido, y para concienciar a la ciudadanía sobre este importante problema, AL-ANDALUS está desarrollando, con la colaboración de la Consejería de Salud de la Junta de Andalucía, una campaña sobre consumo responsable y sostenible, a través de la que pretende que los consumidores reflexionen sobre sus hábitos y corrijan aquellos que puedan resultar dañinos para su salud, su bolsillo y el medio ambiente, además de reivindicar a los gobernantes que arbitren medidas que contribuyan al desarrollo de un comercio y un consumo más sostenible.

¿Qué podemos hacer los consumidores para evitar un mal uso de la comida?

Pues debemos practicar un consumo responsable, sostenible, saludable y solidario. Ser críticos con las tendencias consumistas alentadas por el mercantilismo exacerbado imperante. Así deberíamos tener en cuenta las siguientes recomendaciones para evitar el desperdicio de comida y ahorrar algo de dinero:

 

  • Planificar los menús con antelación, atendiendo a los criterios de una dieta variada y equilibrada.
  • Hacer una lista de la compra, e intentar no salirnos de ella.
  • Elegir los productos por sus cualidades y no por la estética. Intentando no sucumbir a los reclamos publicitarios.
  • Comprar las cantidades y tamaños de envases que se ajusten a nuestro consumo.
  • Leer el etiquetado de los alimentos, prestando atención a la fecha de consumo preferente o caducidad y a la forma de conservación. Tener en cuenta estos datos para prever su consumo y su almacenamiento en el domicilio.
  • Revisar periódicamente el frigorífico y la alacena para comprobar “la fechas” y el estado de los alimentos y que ninguno se quede olvidado.
  • Ajustar las raciones a nuestras necesidades nutricionales y apetito.
  • No tirar los alimentos sobrantes. Conservarlos de manera adecuada para su posterior consumo, también se pueden reutilizar para hacer nuevos platos.
  • Si comemos en un restaurante o similar y nos sobra comida, no tengamos pudor en pedir que nos la preparen para llevar. La hemos pagado y es nuestra. Para evitar esta situación también podemos decir que nos sirvan menos cantidad.

 

Gabinete de Comunicación

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